La transición de Billy Beane
- Luis Felipe Domínguez

- 24 abr
- 4 Min. de lectura
Cambiando el rumbo de nuestra carrera.
Michael Lewis, a través de su libro Moneyball, y posteriormente Brad Pitt como protagonista de la película del mismo nombre, nos dieron a conocer la historia de Billy Beane, el afamado y exitoso ejecutivo del beisbol. En ambos medios, nos presentan el retrato de un hombre que transformó el beisbol a través de nuevos métodos de análisis de los jugadores y una altamente innovadora forma de armar un equipo, y cómo logró, con una nómina de bajo presupuesto, hacer los de los Atléticos de Oakland un equipo triunfador, aún hoy recordado. Beane dejó un legado enorme para los ejecutivos que llegaron después de él y por siempre será considerado un genio de este deporte.
Pero hoy, lo que quiero compartirles es la transición de Beane, su reinvención más importante, porque sin ella hoy no habría libro, ni película, ni legado: la de su carrera.
Hacia finales de los 70’s, Billy Beane era considerado uno de los más importantes prospectos del beisbol. Jugaba como jardinero, bateaba a la derecha y brillaba en la escuadra del High School de Mount Carmel, en San Diego. En 1980 fue seleccionado por los Mets de Nueva York en la posición número 23 del draft, de un total de 832 jugadores; fue la primera selección de los Mets de ese año y pusieron en él sus esperanzas para llegar a reforzar el jardín en el corto plazo. Era un prospecto prometedor.

Su paso por Ligas Menores tuvo más tropiezos de los esperados… no llegó a despuntar en el tiempo esperado y su ascenso en el sistema de los Mets fue un tanto lento. Llegó al equipo grande al final de la temporada de 1984 y solamente tuvo 10 turnos al bat, disparando un solo hit. Después de otra igualmente triste temporada del ’85, los Mets decidieron canjearlo a Minnesota por jugadores que pudieran ayudarles en el corto plazo. En 1986 Beane participó en 80 encuentros con los Twins, en lo que sería su mejor oportunidad como beisbolista, pero sus números fueron muy pobres y para 1988 estaba ya en Detroit, equipo que le concedería su libertad para contratarse en cualquier otro conjunto que pudiera interesarse en Beane. En 1989 llegó a Oakland, la última franquicia en la que jugaría.
Sus números acumulados en seis años de carrera son francamente tristes, más aún si consideramos que en algún momento fue calificado como un muy importante prospecto. Las estadísticas dicen que en cada año en el que jugó, su rendimiento estuvo muy por debajo de la media. Sin tapujos, podemos decir que Beane no fue un buen beisbolista.
Hasta ahí, casos como el suyo hay muchos… son pocos los jugadores que llegan a Grandes Ligas y triunfan o hacen una carrera larga, pero me atrevo a decir que prácticamente ninguno le dió un giro a su carrera, como sí lo hizo Billy Beane. Reconociendo que su futuro no estaba en el campo de juego, cuando en 1990 le informaron que será enviado una vez más a Ligas Menores, se acercó al Gerente General del equipo y le pidió que le diera trabajo como scout, retirándose de la carrera de beisbolista para iniciar un camino totalmente nuevo. Los scouts normalmente son personas que ya han pasado muchos años en el beisbol y han ganado la experiencia necesaria para evaluar jugadores jóvenes… Billy Beane tenía 28 años cuando tomó la decisión de cambiar de carrera. Aceptó que iba en el camino equivocado para su capacidad y sus intereses y decidió reinventarse, transformarse y emprender un recorrido totalmente nuevo, a una edad muy temprana.
En su nuevo rol fue tan brillante que en 1993 ya era Asistente del Gerente General, y cuándo este decidió buscar oportunidades fuera de Oakland, en 1997, Billy Beane fue nombrado el nuevo Gerente General de los Atléticos… tenía tan solo 35 años. El resto, es historia. Beane llevó a Oakland a una de sus grandes épocas y se convirtió en un auténtico role model, por su capacidad analítica, de innovación y su liderazgo, para cualquier joven que aspira a trascender en el deporte profesional.

Billy Beane pudo elegir haber seguido luchando por jugar beisbol, pero reconoció sus limitaciones, identificó sus fortalezas, estudió el juego hasta dominarlo en todos sus conceptos y, ahí, decidió cambiar la ruta, cambiar su destino.
Conozco muchos exitosos profesionales que, al igual que Beane, decidieron seguir una carrera diferente a la que inicialmente habían tomado. Debo reconocer que no es fácil y se requiere una enorme capacidad de autocrítica y para encontrar los talentos propios y desarrollarlos. Se requiere tener el valor de cambiar un camino, que en ocasiones parece ser bueno, por otro desconocido, que no sabemos bien a donde nos va a llevar.
Cuando tu carrera no te esté llevando hacia donde quieres, evalúa si lo mejor es permanecer en ella o darle un giro. Tengo claro que modificar la ruta es un riesgo, pero estoy convencido que con preparación, trabajo y arrojo, se pueden encontrar prados más verdes. Billy Beane, dejó, como señalé, un legado en el beisbol, pero su ejemplo trasciende, por mucho, el campo deportivo.




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