La cultura organizacional, identidad de la empresaLos Acereros de Pittsburgh
- Ramón Sandoval

- 16 ene
- 4 Min. de lectura
La cultura organizacional incluye componentes formales y documentados, por ejemplo la misión y los valores, pero también otros mucho más complicados de definir, como las costumbres, reglas no escritas, etc. Esa cultura, que evoluciona pero al mismo tiempo se tiene que mantener firme en sus cimientos, da lugar a la identidad de la organización.
No basta con tener buenos enunciados, lo que distingue a una organización de otra, tiene mucho con ver con actitudes, acciones, tradiciones.

Pittsburgh y su sello inconfundible.
Hay franquicias en la NFL con una identidad muy marcada, por ejemplo Dallas o Green Bay, pero ninguna como los Acereros de Pittsburgh.
Nacidos en una ciudad industrial, este equipo es un reflejo perfecto de esa sociedad y sus aficionados: trabajadores, duros, físicos, resilientes. Mientras equipos como los Vaqueros tienen en el marketing una de sus fortalezas, los Acereros se asemejan más a una locomotora o un tractor, que a un auto de lujo construido para la ciudad.
Así nacieron pero, más notable aún, es que así han permanecido; y esa continuidad los ha llevado a ser el equipo con mejor porcentaje de victorias desde que se inició la época del Super Bowl, a estar empatado en el máximo número de campeonatos obtenidos y a ser, simplemente, cada año un protagonista, un equipo ganador y permanentemente competitivo.
Desde sus inicios, formaron escuadras con una defensiva férrea, y han buscado mantener esa identidad. Más importante aún, mantienen valores como la humildad y la colectividad. eso, aunado al trabajo duro, a pelear cada pulgada del campo, a buscar siempre ser un reflejo de su comunidad, los ha hecho un ejemplo de consistencia y triunfos.
Caer, pero nunca traicionarse a sí mismos.
Los Acereros creen profundamente en darle continuidad a sus lideres. No se asustan cuando vienen épocas difíciles porque saben que manteniéndose fieles a su cultura, pronto retomarán el camino que los ha hecho exitosos. Desde 1969 han tenido sólo tres coaches: Chuck Noll, Bill Cowher y Mike Tomlin. Los Gigantes de Nueva York, en contraparte, han tenido cuatro en los últimos nueve años.
Esa continuidad es una muestra perfecta de lo que piensan los dueños en cuanto a confianza, paciencia, creer en el proceso y en que la cultura organizacional siempre ayudará a reencontrar el camino.
Ningún individuo por encima del equipo.
Pittsburgh tampoco permite que alguien rompa esa cultura, ni está dispuesto a hipotecarla por ningún jugador o bajo ninguna circunstancia. Tuvieron en sus filas a Antonio Brown, uno de los mejores receptores de la historia; sin embargo cuando él empezó a tener conflictos con otros jugadores y le faltó al respecto al head coach, lo cambiaron a Raiders. George Pickens, por su parte, no se adaptó a la cultura y pese a su innegable talento natural, recientemente fue canjeado a Dallas.
Al dejar ir a elementos que pueden impactar o viciar la cultura, a veces pierden en el corto plazo pero ganan en el mediano y en el largo.
Cuando se tiene una fuerte cultura organizacional, se tiene identidad.
Nadie podría confundir el estilo de trabajo, las costumbres, la forma de tomar decisiones de Apple con, por ejemplo, el Ejército de USA o con el de empresas como IBM o Ford. Cada una tiene su propia cultura interna, que las distingue y las hace ser tremendamente exitosas.
Pittsburgh ha mantenido por décadas su identidad y es una constante: dentro está bien claro lo que es aceptable y deseable, así como aquello que no se tolera. Y más importante aún, operan en consecuencia; no se traicionan a sí mismos con decisiones confusas. Como jugador y empleado, sabes perfectamente lo que se espera en resultados, actitud y accionar.
Hace poco tiempo hablaba con el dueño de una empresa, que hacía referencia a su cultura organizacional, a “su estilo”. Después de reflexionar sobre esos conceptos, encontré que es claro que tienen una cultura muy propia y que aquellos que no se han adaptado a la misma, no han hecho una carrera larga.
Me parece extraordinario eso para ambas partes: la empresa mantiene su identidad y busca empleados que se identifiquen con ella; y el trabajador que no encuentra coincidencias, rápidamente puede buscar un mejor camino, más alineado a sus intereses.
Todos conocemos en nuestros trabajos a personas que, un día si y otro también, despotrican contra la empresa por sus decisiones, sus acciones; pero en el fondo, es en realidad por su cultura organizacional. Las preguntas que me hago son: ¿Por qué deciden seguir ahí? ¿Vale la pena permanecer en una institución con la que tus valores no se identifican? ¿No sería bueno buscar alternativas que te hagan sentir mejor y por tanto, acabes siendo más productivo y feliz?
A los Acereros de Pittsburgh les ha costado muchos años construir esa identidad; y más aún, mantenerla, abrazarla, actuar en base a ella. Pero hoy son un magnífico ejemplo de cómo la cultura organizacional no es una definición en papel, es una forma de actuar y de vivir.
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